Estudio sobre constelaciones

 

Una mañana de 1906 -tres años antes de que una cocinera de Piloña inventase la bayeta multiusos de forma casual al sonarse la nariz, coger una sartén caliente y limpiar algunas gotas de aceite que habían caído al suelo, todo ello con el mismo trapo-, el astrólogo asturiano de apellido Homobono miraba por su telescopio como hacía todas las mañanas. Esa mañana descubrió con perplejidad unas formas cerca de la constelación de Casiopea que le recordaron clavos de carpintero. Las denominó las constelaciones del carpintero. Los avances en ópticas telescópicas permitieron descubrir años después que, en realidad, no eran clavos sino alfileres. Las constelaciones del carpintero pasaron a llamarse constelaciones de alfileres, y Homobono pasó a ser considerado desde ese día patrón de los sastres.

En 1974 se formuló la teoría de cuerdas del universo (Jöel Scherk y John Schwuarz), se confirmaba de esta forma que en el universo no sólo había clavos (alfileres) también cuerdas, y que la teoría del todo, buscada durante años por físicos de todo el mundo, podría tener su raíz teórica en ferreterías e incluso droguerías cuánticas.